“Alma Reville”, la mujer detrás de Hitchcock

Interesante conferencia la que dio Inés París la semana pasada en el CaixaForum de Madrid. Cineasta, Fundadora de CIMA, Consejera de SGAE y de la Fundación de Mujeres por África, Inés siempre ha luchado por los derechos y la igualdad de las mujeres de una u otra manera. El lunes pasado lo hizo hablando de la importancia de Alma Reville, la mujer de Hitchcock, no sólo en su vida, sino también en su obra y muy gráficas fueron las dos imágenes que eligió al principio y al final de la charla, para conocer la evolución de Alma a este peculiar matrimonio, del poder a la entrega.

Sorprendente saber que en los años 20 las mujeres eran bastante independiente y cuando el cine mudo comenzaba a ser un arte, había más directoras de cine que directores. De hecho, Alma fue pionera y ya tenía forjada su carrera como cineasta antes que Hitchcock. Con tan sólo 16 años, ella fue una de las primeras montadoras de la historia del cine, script y guionista, en una época en la que el montaje tenía una vital importancia creativa porque las tramas de cine mudo eran difíciles de entender sin diálogos. Él, por su parte, comenzó en el departamento de arte, escribiendo las cartelas de películas mudas y en la primera en la que trabajaron juntos, Hitchcock fue Ayudante de Dirección y Alma, Directora de Montaje. Fue después de casarse, cuando él empezó a tener más éxito como Director, mientras ella pasó a un segundo plano, más cuando nació su hija, aunque ella siguió trabajando a la sombra de su marido y haciendo los montajes y guiones de muchas de sus películas.

El papel de las mujeres cambió cuando en los años 50, el sueño americano las relegó a las tareas domésticas y al cuidado de los hijos. Entonces el cine dejó ser algo artístico para convertirse en industria, los hombres tomaron el poder y las mujeres cineastas desaparecieron, quedando sólo actrices. Hollywood contrató a Hitchcock y, aunque Alma siguió teniendo un papel relevante en sus películas, no solía aparecer en los créditos. Pero escenas imprescindibles de la obra del director, no hubieran sido igual sin la aportación de Alma y quién sabe si le hubieran otorgado a Hitchcock la categoría de genio… Por ejemplo, la genial secuencia de la ducha de ‘Psicosis”, estaba montada de otra forma y sin música. Fue gracias a Alma, que apareciera esa chirriante música de violines, casi icónica, la cuál aportó un gran dramatismo y una imborrable huella en nuestra memoria.

Paradójicamente, Hitchcock otorgó a los personajes femeninos el protagonismo que no obtuvieron en la vida real de la época, ejerciendo el papel de mujeres fatales, dentro del cine negro. Tanto, que dicen que se volvió obsesivo y acosaba a las actrices de sus películas. Se convirtió en el maestro del suspense, pero cuando recogió su medalla al mérito, se la dedicó a 4 mujeres: a una montadora, a una guionista, a una estupenda cocinera y a la mejor madre. Eran 1 sola: Alma Reville. Pero la historia de esta brillante mujer y su aportación a la obra de Hitchcock, probablemente no se hubiera conocido sin la publicación del libro de su hija Patricia Hitchcock, “The woman behind the man”.

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