«American Beauty»

Hace poco volví a ver una película que me impactó: “American Beauty”. La historia galardonada y dirigida magistralmente por Sam Mendes, esconde personajes insatisfechos, que no pueden conseguir lo que “un modelo de sociedad competitiva” quiere de ellos.

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Un perdedor padre de familia que intenta seducir a la amiga de su infeliz hija adolescente. Chicas que quieren aparentar lo que no son. Una esposa ambiciosa e infiel. Un marine gay demasiado exigente con su hijo. Una madre frustrada… Esa búsqueda de la “falsa belleza”, es lo que desencadenará un trágico final.

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Recordé la película cuando la semana pasada escuché la escalofriante noticia de que otro joven americano había llevado a cabo un tiroteo (esta vez en una zona universitaria de Santa Bárbara, California) matando a 6 estudiantes y dejando varios heridos.

Durante el fin de semana, los medios no han dejado de publicar vídeos, testimonios, imágenes, comentarios y especulaciones sobre el asesino y la misma pregunta se repite: ¿Por qué lo hizo? Pero la pregunta, tal vez debería ser la respuesta a sí misma: ¿Por qué tenía un arma?. Según grabó en un vídeo, «estaba rodeado de bonitas mujeres que lo rechazaban. Odiaba a las mujeres porque a los 22 años seguía siendo virgen y a los hombres, por ser sus rivales». Pero poco importan ya los motivos que le llevaron a la tragedia. Uno de los padres de las víctimas ha declarado que “la culpa de que su hija esté muerta es de los políticos cobardes y de la Asociación Nacional del Rifle”.

Dicha asociación, existe desde el siglo XIX, como una organización de aficionados a la caza. Su transformación en lobby de la industria del armamento se produjo en 1975, y su participación en política llegó en 1980 con Ronald Reagan (que fue el primer candidato presidencial oficialmente respaldado por ella). Desde entonces, su ascenso ha sido vertiginoso. Hoy es la organización que más dinero gasta en campañas políticas y que más influencia tiene en el Congreso, donde muchos de sus miembros le deben el escaño. Su estrategia es sencilla: propagar el miedo para que la gente se anime a comprar armas.

BALA

Un reporte del Small Arms Survey (proyecto de investigación independiente del Instituto Superior de Estudios Internacionales de Ginebra) señala que en EE.UU. aproximadamente 270 millones de habitantes poseen armas de fuego (unas 88 armas por cada 100 habitantes). Y según varios estudios, la posesión de armas en casa, triplica el riesgo de homicidios. De acuerdo con dos médicos de Boston que presentaron los resultados de sus investigaciones en una conferencia de la Academia Americana de Pediatría, en Orlando, unos 500 niños y adolescentes mueren cada año en EE.UU. por esta causa y más de 7.500 resultan heridos, el 50% en su propia casa.

En total, según los datos más recientes del Centro para el Control y Prevención de Enfermedades, se producen más de 30.000 muertos al año (incluidos unos 14.000 suicidios) por armas de fuego en EE.UU. (cada dos años, mueren la misma cantidad de personas que en la guerra de Vietnam).

Nunca se sabe cuándo las frustraciones de una persona pueden empujarla a rebasar la línea entre el bien y el mal, sobre todo si el sistema de salud mental no es eficiente. Pero lo que está claro es que, lejos de ofrecer protección y seguridad, “las armas siempre las carga el diablo”.

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