Historias de gatos… de Madrid

Por muchos es sabido que a los de Madrid les llaman gatos, pero la historia se remonta al siglo XI…

Dicen que la hazaña más heroica de Alfonso VI el Bravo, rey de León, Galicia y Castilla, fue la conquista de Toledo. Para ello, tuvo que ocupar Madrid, pero ante la gran defensa musulmana de la muralla que rodeaba la ciudad, pensó en cómo podía llegar hasta la fortaleza. Un muchacho se lanzó a escalarla con la única ayuda de una cuerda y una daga. Lo consiguió gracias a su felina agilidad y el rey cristiano conquistó Madrid.

Le apodaron “El Gato” y la familia de los Gatos se hizo importante en la ciudad, junto a la de los Escarabajos o la de los Muertos. Con el tiempo, la historia se convirtió en leyenda y en la región se empezó a llamar gato a todo aquel que demostraba valentía. Después, se pasó a denominar gato al nacido en Madrid y que fuese descendiente de dos generaciones más de madrileños (abuelos y padres).

Gatos de Madrid

Calle Alvarez Gato de MAdrid

Algunos cuentan que en recuerdo de esta bonita historia, todavía perdura en el pintoresco barrio de Las Letras de Madrid, la Calle Álvarez Gato. En honor al poeta cristiano converso (descendiente de aquel ágil muchacho), que llegó a convertirse en mayordomo de la reina Isabel.

Otra leyenda cuenta que el Cardenal Cisneros encargó cazar un gato y confeccionar unas botas con su piel, imitando el diseño de las de Carlomagno, para regalárselas a Gonzalo Fernández de Córdoba, el Gran Capitán. Lo que no imaginaron, era que las botas desprenderían un olor, imperceptible para los humanos, pero no para los felinos que se sentían atraídos por él. Cada vez que el Gran Capitán se las ponía, los gatos del vecindario lo seguían y se orinaban, por lo que alteraron el olor de esta calle que pasó a llamarse el callejón del Gato.

Gatos de Madrid

Callejón del Gato de Madrid

Leyendas aparte, lo que sí sabemos con certeza, es que este bohemio Callejón del Gato, albergó curiosos locales y cafés, donde los escritores se daban cita. Algunos de ellos han dejado reflejado en sus libros referencias directas a este lugar:

“En el callejón del Gato hubo hasta hace poco, calzados en la pared y del tamaño del transeúnte de estatura regular, dos espejos, uno cóncavo y otro convexo que deformaban en don Quijote y Sancho a todo el que se miraba en ellos”, decía Ramón Gómez de la Serna.

Y fue precisamente en estos espejos, ubicados en la puerta de un establecimiento, donde el dramaturgo y novelista Valle-Inclán encontró la inspiración para su obra de teatro: «Luces de Bohemia», cuya escena principal transcurre en el mencionado callejón.

En un momento en el que sus protagonistas se detienen a tomar aire en ese rincón, Max Estrella le dice a Don Latino: «Los héroes clásicos han ido a pasearse en el callejón del Gato. Los héroes clásicos reflejados en los espejos cóncavos dan el Esperpento. El sentido trágico de la vida española sólo puede darse con una estética sistemáticamente deformada. España es una deformación grotesca de la civilización europea. Las imágenes más bellas en un espejo cóncavo son absurdas. La deformación deja de serlo cuando está sujeta a una matemática perfecta. Mi estética actual es transformar con matemática de espejo cóncavo las normas clásicas. Deformemos la expresión en el mismo espejo que nos deforma las caras y toda la vida miserable de España».

Gatos de Madrid

«Luces de Bohemia» de Valle-Inclán

Si paseas hoy por el callejón del Gato de Madrid, que comunica la calle de Espoz y Mina con la plaza de Santa Ana, no dejes de pararte a observar los espejos concavos y convexos, (siguen estando, aunque como atrezzo). Porque fue allí donde Valle-Inclán descubrió y creó un género literario: el esperpento. Y porque a veces, el único secreto para comprender el mundo, es distorsionar la realidad y utilizar las lentes necesarias para apreciar sus luces, sus sombras y todos sus matices.

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