Jugar con Armas

Hoy las palabras salen más fáciles que nunca, sin fotos y sin edulcorantes. Lo hacen desde las entrañas y la indignación de una madre alarmada. Porque ha vuelto a pasar, esta vez en Oregón.

Se me revuelve el estómago cada vez que escucho la noticia una y otra vez de que un joven ha matado a más de 10 personas en una universidad del pequeño pueblo de Roseburg.

Se me revuelve el estómago de pensar que mi hijo o el tuyo puedan estar en un colegio, un instituto o una universidad y acaben con un tiro en la cabeza. Y no creas que al tuyo no le puede pasar porque vaya a un colegio privado, porque en los supermercados, en las gasolineras, en las playas e incluso en las casas, también pasa. Volverá a pasar y muy pocos harán algo para evitarlo.

Las autoridades se empeñan en “investigar” la vida privada del individuo en internet, para “buscar pruebas” de su locura y justificar que ha vuelto a pasar porque estaba loco y no porque tenía un arma. Como madre, a mí no me importa quien es el asesino, porqué lo hizo o cómo consiguió el arma. Tampoco me alivia que la policía lo haya matado a tiros. Sólo me preocupa que ha vuelto a pasar y volverá a pasar.

No puede ser que una de las naciones líderes en el mundo no sea capaz de acabar con esto. Porque ha ocurrido en Texas, Columbine, Minnesota, Pensilvania, Virginia, Tucson, Oakland, Colorado, Wisconsin, Newtown, Washington, Santa Bárbara, Oregón, Charleston… Cientos de personas han muerto y más han resultado heridas, disparadas no sólo por estudiantes, también por un repartidor de leche, un psiquiatra, veteranos de guerra…

No puede ser que tantas personas aquí se sientan tan solas, desatendidas e incomprendidas como para ser capaces de matar y menos, que no exista una sanidad pública (física y mental) que les ayude.

No puede ser que al Presidente del Gobierno de los EE.UU. nadie le haga ni caso (por lo menos en este asunto). Porque ha vuelto a pedir a ciudadanos y políticos que reflexionen y se tomen decisiones, una vez más, pero parece que a muchos no les interesa, porque tienen otros intereses. Me pregunto si esos intereses están por encima de que maten a tu vecino, a tu amigo, a tu hijo… Si están por encima de LA DEFENSA DE LA VIDA.

Esto es lo que dijo Obama en su comparecencia ayer: “No puede ser que una persona que quiere causar daño a otra lo tenga tan fácil. Todos los países del mundo tienen ciudadanos con enfermedades mentales, pero nosotros somos el único que sufre este tipo de tiroteos todos los meses. Esto se ha convertido en una rutina a la que nos hemos vuelto insensibles”.

Cada vez que esto ocurre, algunos amigos americanos me preguntan si esto pasa en mi país. Y yo les contesto una y otra vez que no, que en España la gente no va armada. Si lo haces, o eres un policía o un delincuente. Evidentemente esto de ir armado es un tema cultural, que en América está bien visto, pero desde fuera no se entiende en absoluto.

Es incomprensible que en nombre de “la libertad” y con la excusa de “la protección”, se vendan pistolas hasta en los supermercados.

Que un estudiante con 18 años tenga varias armas y sea “lo normal” y que piense que “no tenga que haber control sobre las armas sino sólo centros de enfermos mentales”.

Que cuando eres pequeño “te enseñen a disparar como a montar en bici”.

Que un padre les diga a sus hijos “que vivan cada día de sus vidas como si fuera el último” por este motivo.

Que muchas madres, entre chupetes y toallitas, lleven una pistola en el bolso o duerman con ella bajo la almohada.

Como madre, yo no quiero que mi hijo tenga que hacer «simulacros de tiroteos» (además de terremotos e incendios),

No quiero que me hijo tenga que estar en el colegio “protegido” por una cadena de policías, como si estuviera en una cárcel.

No quiero que mi hijo vaya a casa de un amigo y jugando con «la pistola de papá», ocurra un accidente.

Porque lamentablemente, estas cosas pasan por jugar con armas.

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