«Manual de Supervivencia para Padres» tras la vuelta al cole

Después de hablar con varias madres he llegado a la conclusión de que hay muchos consejos para que la vuelta al cole sea menos traumática, pero ¿Qué pasa cuando el “pre” no funciona y el “post” es un drama? ¿Y cómo sobrevivir a él?

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El proceso de asimilación de los padres:

Tras días preparando la vuelta al cole con ilusión, el resultado puede ser el temido. Muchos padres nos planteamos si es normal que nuestros hijos lloren (aunque no sea la primera vez que van al cole) y si el resto no lo hace, la situación se vuelve mucho más frustrante, para el niño y para los padres…

El autoconvencimiento:

Entonces pensamos que las circunstancias no son las mismas para todos y a los que son más tímidos les cuesta más adaptarse. Además, si empiezan un nuevo ciclo (por ejemplo primaria) y el colegio, la profesora y los compañeros también son nuevos… creo yo que lo normal es llorar o pensar ¡tierra trágame!. Más si te hablan en un idioma que no es el tuyo, aunque lo entiendas. Además hay otros niños que expresan sus emociones de otra manera, con sobrexcitación o incluso a veces empiezan con ilusión y luego se vuelven más apáticos…

La frase revolucionaria:

Una vez que nos convencemos de que es un proceso natural por el que hay que pasar y que parece que tenemos la situación controlada, escuchamos esa frase que lo revoluciona todo: “No quiero ir al colegio. Odio mi cole nuevo” que a veces va acompañado de la insoportable “y a ti también te odio, mamá” o palabras que enfatizan la frase como NUNCA y PARA SIEMPRE…

El llanto materno:

Y entonces podemos llorar más que ellos… Porque de nada sirven los esfuerzos económicos, físicos y mentales por buscar y rebuscar el que crees que es el mejor colegio para él, por hacer todo lo posible para que se adapten bien y preparar todo con ilusión… Nuestra mente se nubla sin darnos cuenta de que el niño está enfadado con el mundo y de que no tenemos ninguna culpa de que a los niños no les gusten los cambios.

Además, la intensidad del llanto puede aumentar en función de nuestra situación hormonal y la del niño dependerá de otros factores como “además nos cambiamos de casa” o “es que mamá se queda en casa con el bebé”…

Un mar de dudas y culpabilidades:

Y el llanto se convierte en un mar de dudas y culpabilidades, la mayoría absurdas, como ¿Habré elegido bien el colegio? ¿A cuántos cambios se va a tener que adaptar mi hijo?, ¿Qué hacer para que se levante de la cama? ¿Para no llegar tarde al colegio?, ¿Para que duerma mejor?, ¿Para estar menos alterada?… Y si surgen viajes de trabajo o la nani desaparece repentinamente, la cosa se complica…

Conductas extrañas:

Ante esta descontrolada situación, a algunas nos dará por comer helado compulsivamente, engancharnos al WhatApp más que nunca, ir todos los días a yoga, tomar Flores de Bach, o llenar el carro de la compra de vino, cerveza o chocolate, porque sin duda no fue buena idea empezar la dieta en septiembre…

Tampoco es de extrañar que aumenten las visitas al osteópata o a la peluquería y se incrementen los gastos en ropa o cosméticos, porque nos damos cuenta de que ¡llevamos desde antes del verano sin darnos mechas!

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¿Y ante esta situación que es lo que pueden hacer ellos?

1. No disfraces la situación de normalidad siguiendo con tu trabajo como si nada.

2. Asume cuanto antes que la situación no es normal y que aunque ella suela ocuparse más de los niños y tu trabajes hasta tarde, ésta es una situación límite.

3. Ayuda a los niños a que se levanten, se arreglen y desayunen (este es el momento más crítico) y si puedes acompañarlos al colegio ¡mejor!.

4. Comparte con ellos sus miedos, recuérdales las cosas positivas de la nueva situación y dales protección y seguridad.

5. No se te ocurra decirle a ella que no te cuente la escena completa de cómo se ha quedado tu pobre hijo en el colegio, porque le duele tanto que no le escuches, como a ti escuchar los detalles.

6. Tampoco cuestiones si ha habido muchos gastos este mes o cuando empieza la dieta.

7. Acude a las reuniones de principio de curso, son tan importantes para ti como para ella, e intenta tener menos reuniones de trabajo esos días.

8. No te enfades si habla más con otras madres que contigo, está buscando aliadas a su sufrimiento.

9. Y sobre todo dile que está muy guapa, que es la mejor madre, que lo está haciendo muy bien y dale muchos besos, porque tú eres una pieza fundamental para que la situación no se descontrole.

10. Si, igual piensas que estás haciendo todo lo que “tu trabajo te permite”, pero a lo mejor puedes hacer un poquito más.

Esto es sólo una llamada de atención en clave de humor, porque afortunadamente ellos cada vez están más involucrados en la crianza y educación de los hijos, ¡pero todavía queda mucho camino por andar!

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