Por un mundo más femenino

Los últimos días están sirviendo para reflexionar, debatir y tomar conciencia de una forma conjunta de la situación actual de la mujer en el mundo y hacia donde debemos ir para que las cosas mejoren. La filosofía, la historia y la cultura, cada vez menos valoradas en los sistemas educativos tradicionales actuales, son siempre importantes y ahora más, para darnos una visión global de las cosas, revisar nuestro pasado, cambiar el presente y crear un futuro mejor para nosotras y para nuestros hijos. Por eso en este blog llevo tiempo defendiendo la cultura y visibilizando la valía y el trabajo de grandes mujeres. Me alegra enormemente ver como cada vez más las redes sociales y medios de comunicación, se están llenando de historias de mujeres invisibles y olvidadas, que sin embargo han aportado enormes logros y beneficios a las ciencias, a las artes, a los pueblos, a los desfavorecidos y a los niños del mundo con su sabiduría. Pero todavía queda mucho trabajo por hacer.

Las manifestaciones por los derechos de las mujeres (la que asistí en Los Ángeles el año pasado y este año en España y que han secundado más de 120 países), han supuesto un punto de inflexión en nuestra historia, marcando un antes y un después en el papel de la mujer en el mundo. Nos han hecho reflexionar sobre la importancia de un conflicto enquistado a través de los siglos y cómo uniéndonos, podemos resolverlo. Se me ocurren varios puntos sobre los que empezar o seguir trabajando:

Encontrar nuestra identidad como mujeres, individual y colectivamente: Una identidad que estaba mejor definida y valorada en algunas antiguas civilizaciones, como los Celtas, y que la era del patriarcado nos ha arrebatado. Deberíamos preguntarnos que cosas nos gustaría cambiar dentro de nosotras mismas, de nuestros hogares, de nuestro entorno y trabajos.

Minimizar los efectos de la incorporación de la mujer al trabajo: Este hecho está provocando que nos estemos masculinizando, algunas renunciando a la maternidad y otras pasando menos tiempo con nuestros hijos, en favor del trabajo. Debemos luchar en el entorno laboral por una conciliación real, para no tener que renunciar a nuestro trabajo si decidimos ser madres o apostar por la lactancia materna. (El libro “No sólo de trabajo vive la mujer”, explica muy bien el tema).

Luchar por nuestras metas: En sectores importantísimos de nuestra sociedad, como el sanitario y la educación, ha sido más fácil para la mujer hacerse un hueco, por flexibilidad de horarios y menor demanda masculina, pero en otros como el científico, económico y político, nos siguen minusvalorando. No dejemos de trabajar en algo que nos llene, podemos alcanzar cualquier meta que nos propongamos, por difícil que parezca. Tenemos mucho que ofrecer, sobre todo nuestra sensibilidad y visión femenina.

Mujeres al poder: Si bien es cierto que en los últimos años cada vez hay más mujeres que se dedican a la política, hacen falta más en los puestos de mando. Así será más fácil poner voz a nuestras necesidades y hacer políticas y leyes que favorezcan la conciliación e igualdad de derechos.

Unirse: Independientemente de que decidamos libremente en que queremos trabajar o no, no dejemos de estar rodeadas de mujeres. Hacer actividades en grupo favorece nuestra autoestima y nos da ánimos para seguir luchando juntas. No importa lo que hagamos, quedar a caminar, apuntarse a clase de yoga, ir al cine, a un taller de costura o de pintura. La unión hace la fuerza.

Denunciar y difundir: Debemos seguir denunciando y difundiendo pensamientos, reflexiones, injusticias, desigualdades y sobre todo cualquier tipo de abuso.

Defender nuestra feminidad: No queramos ser igual que el hombre, ni superiores. Relacionémonos como compañeros y no como enemigos. Recuperemos nuestras diferencias. El feminismo trata de alcanzar la igualdad de derechos, no de ser iguales. Defendamos nuestra feminidad y hagámosle saber al hombre que nos encanta su masculinidad, pero necesitamos que nos entiendan, que nos apoyen, que nos cuiden, que nos valoren y que nos amen, quizás de una forma diferente. Ellos también deben aprender a entender a la nueva mujer y a buscar su apoyo y su cariño. Somos cómplices y necesitamos nuevos códigos para esta nueva etapa de cambio, en la que luchamos por muchas más cosas que la igualdad de salarios y derechos.

Necesitamos mitigar las lágrimas de un mundo que llora desconsolado porque rebosa masculinidad por todas partes, basado en una sociedad patriarcal y movido por el poder y el dinero. Que en su prepotencia no ve como se secan los ríos, se queman los bosques, se derriten los mares. Que no escucha como ruge la tierra, ni los lamentos que deja la violencia y la guerra en mujeres y Niños.

Necesitamos crear nuevos valores y políticas responsables que empujen a nuestro mundo a ser un lugar más Sano, donde no nos ahoguemos por el estrés y los malos hábitos y juntos podamos respirar mejor.

Necesitamos contar y escuchar historias, poesías, canciones… que nos devuelvan la ilusión de la belleza de un mundo soñado, lleno de sonrisas, de abrazos, de besos y de Amor.

Necesitamos que las princesas se quiten las coronas, que las mujeres fatales se bajen de sus tacones y las heroínas se desaten las capas…. para brillar con más fuerza y volar alto, felices y Libres.

La Madre Naturaleza y La Vida tienen nombre de mujer, por eso debemos luchar por un mundo más femenino.

Os dejo con esta magnífica versión de “A hard rain’s a-gonna fall”, de Bob Dylan, que interpretó Patti Smith con motivo de la ceremonia de los Premios Nobel. Una visión femenina llena de fuerza, de esperanza, de ilusión, de emoción y amor, para seguir arreglando el mundo. Imperfecta pero sublime…

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