Por una tele de calidad para nuestros hijos!

La televisión ha evolucionado mucho en cuanto a cantidad de espacios y contenidos, series y películas, pero no tanto en la calidad de los programas infantiles. No sé a vosotros, pero a mí me parece que los de antes eran mucho más educativos que los de ahora.

TELEVISION
Cuando fuimos a vivir a California, me di cuenta de que en EE.UU. había mucha más permisividad a la hora de emitir abundantes anuncios, programas superficiales y dibujos violentos para niños, fruto del feroz consumismo americano. Cuando mi hijo empezó a necesitar un montón de cosas absurdas e innecesarias y lo que es peor, a decir que yo se las comprara, tuve que enseñarle a defenderse de “la caja tonta”, de la forma más consciente posible, de acuerdo a su edad. Le expliqué que muchas de las cosas que nos querían hacer comprar, no las necesitábamos y que no podía creerse todo lo que veía, porque muchas veces, era mentira. Tras la saturación, apagué la televisión durante un tiempo, pero mi hijo se hizo algo mayor y ¡la tele volvió con más fuerza que nunca para quedarse! Fue entonces cuando empecé a reflexionar sobre el tema… TELEVISION
La Influencia de la televisión en los niños:
Creo que no somos conscientes, cuando nuestros hijos se enchufan a la tele y las pantallas, a lo que se exponen de manera indiscriminada. El poder que ejercen la televisión y los medios audiovisuales en los niños es enorme, para bien y para mal. Son una buena herramienta para transmitir ideas, inducir a ciertas formas de comportamiento y fomentar valores, pero también para generar actitudes negativas que pueden influir en sus pensamientos, emociones y conductas.

Muchas veces, los niños tienen acceso ilimitado a multitud de canales donde se emiten contenidos supuestamente infantiles. Se convierten en “los reyes del mando” pero, bajo mi punto de vista, debemos ser los padres y cuidadores, los que decidamos qué, cuando y cuanto tiempo vean los programas que más se adecúen no sólo a sus preferencias, sino también a su comprensión y etapa evolutiva. Somos los adultos los responsables de poner los límites, para que crezcan de forma segura y aprendan a hacerlo por sí mismos cuando sean adultos. Por eso es importante que les enseñemos a ver la tele de forma consciente. Los niños aprenden por imitación, no distinguen la realidad de la ficción cuando son pequeños y se lo creen todo. Existe un código deontológico para regular contenidos y anuncios televisivos, pero creo que muchas veces no se protege del todo a los niños, teniendo en cuenta su vulnerabilidad, indefensión y falta de criterio.

La manipulación de la publicidad:
En cuanto a los anuncios, ya sabemos que los niños no ganan dinero ni van a la compra solos, pero indirectamente son un gran motor de consumo e influencia para los padres. Por ello, muchas veces, los anuncios van dirigidos a ellos de una forma abusiva. La publicidad les persuade más a ellos por su sencillez y brevedad, mediante situaciones divertidas, en mundos de yupi. Interiorizan los mensajes recibidos en sus cabecitas, por medio de eslóganes repetitivos y canciones pegadizas… De esta forma, los productos y juguetes se hacen imprescindibles, generando una felicidad irremediable, con personajes y espacios estereotipados e irreales. A veces es mejor regalarles otros juegos más didácticos y experimentar con ellos, para que vean que hay otros mundos divertidos que no se anuncian en la tele.

Faltan programas infantiles con valores:
Por otro lado, hay muchos dibujos animados que no son adecuados, por su contenido, explícito o implícito, a depende qué edades, por muy infantiles que parezcan visualmente… y esto es otra cosa que habría que analizar: ¿Qué criterios se utilizan para decidir la edad recomendada de las películas y programas infantiles?. Muchas veces parece que sólo están basados en la cantidad de violencia o evidencia sexual, cuando a muchos padres nos parece que en ocasiones, ni las situaciones que se plantean ni el lenguaje, son adecuados para las edades recomendadas.

La violencia, el sexismo y la cosificación de la mujer, también son excesivos, y sigue habiendo personajes femeninos estereotipados tanto en anuncios, programas y películas, como en dibujos animados, que desde pequeños son aprendidos e imitados.

Los personajes sabios y que tenían cosas que enseñar, han sido sustituidos por personajes superfluos que desfilan por las pantallas de la realidad y la ficción en función del número de seguidores que tienen, sin cuestionar cuáles son sus habilidades o si pueden ser una buena influencia para niños y adolescentes, convirtiéndose instantáneamente en modelos a seguir.

Algunos concursos infantiles que podrían ser escenarios de creatividad y valores positivos, a veces se convierten en espacios de gran competitividad, donde lo que se premia es “ser el mejor”, por encima de otros valores solidarios que se deben enseñar desde pequeños. Mi hijo me decía el otro día: “Mamá, yo nunca iría a uno de estos concursos donde por muy bien que lo hagas, te critican, te echan y acabas llorando, pero luego te dan un regalo para que te vayas contento a casa”! Para reflexionar…

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Yo pienso que la educación de los niños de nuestra sociedad, es labor de todos. Por eso creo que tanto canales de televisión, como medios de comunicación, agencias de publicidad, productoras, comunicadores y creativos, debemos crear contenidos de forma ética y de calidad, más si van dirigidos al público infantil y juvenil. Los políticos, regularlos con sentido común, expertos y leyes. Las Organizaciones de Consumidores, hacer que se cumplan. Los responsables de las televisiones, emitir contenidos que fomenten la curiosidad y la creatividad. Los publicistas, crear una publicidad responsable. Y los padres, preocuparnos de lo que ven nuestros hijos, compartiendo el tiempo que pasan delante de las pantallas, desmitificando y resolviendo dudas.

La Televisión debe ser mucho más que “un canguro” que entretenga a los niños o “un cajón desastre” que les lave el cerebro. Podemos convertir “la caja tonta” en una “caja inteligente” y un arma poderosa de distracción masiva, en una buenísima herramienta constructiva, para transmitir conocimiento, cultura y valores positivos…

Por una televisión ética y de calidad para nuestros hijos. ¿Y tú cómo empezarías a cambiarla?

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