Primer tramo Ruta 66: «Por el desierto de Mojave»

«El primer tramo de mi Ruta 66 transcurre por el Valle de San Gabriel, ya por el interior y con el referente de las montañas a la izquierda del camino. Hasta San Bernardino, se trata de un recorrido urbano, con semáforos y limitaciones de velocidad de 40 millas/hora. Zonas suburbanas interminables en las que sabes que entras o sales de un pueblo por los carteles. Me llamó la atención la variedad de iglesias: mormones del fin del mundo, adventistas del principio y ortodoxos de la tierra media (elegir religión en EE.UU. es tan complicado como optar por unos cereales en el supermercado: la variedad es insoportable). Me llevó hasta mediodía recorrer esta primera etapa, que terminé almorzando una hamburguesa en un lugar que me recordó el Crusty Crab de Bob Esponja, pero de secano, antes de enganchar la Highway 15 que me adentraría en el desierto de Mojave (las autopistas para mí son un invento que equilibra perfectamente la eficiencia en el traslado con el aburrimiento de conducirlas)…

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Debía salir en Victorville de la autopista para tomar el primer Loop que sale de la misma,siguiendo el trazado original de la 66, atravesando Oro Grande para volver a la autopista en Barstow, pero identificar la salida correcta no era fácil, ya que no estaba señalizada como Ruta 66, así es que un buen samaritano “harlero” me encontró en un cruce de caminos parado y consultando el mapa (no seáis tacaños como yo y alquilad un GPS, aunque es fácil circular en EEUU, os salvará en más de una ocasión). Después de contarme su historia de amor con Harley, que empezaba en los 50s, se ofreció a acompañarme al desvío correcto e indicarme la carretera. ¡Bendita solidaridad motera!.

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El tramo de la 66 que conduce a Barstow coincidió perfectamente con la imagen que tenía de la Ruta: recorrí aquella tarde subido en los anaranjados del desierto, en mi caballo mecánico, corriendo en paralelo a las vías del tren. Se quedaron grabados en mi mente los enormes trenes de mercancías. Llegué a pensar: «Aquiles nunca alcanzará la tortuga, y tú nunca alcanzarás el final de este tren». También pensé en los vagabundos de las canciones de Tom Waits: “…And anywhere I lay my head, boys, I will call my home…”.

Barstow fue el primer pueblo que pude identificar en este tramo de ruta. Con su aspecto de pueblo de película de Sergio Leone en versión actual (no faltaban Starbucks y Mc Donald). La ruta me devolvió a la Highway 15, ya con la tarde avanzada y comenzando a pensar que no iba a llegar a Needles antes de caer la noche como había planificado… Retomé la autopista después de un tramo infernal de carretera histórica que corría en paralelo a la misma (después de todo, hasta un romántico empedernido como yo, debe aceptar que el progreso tiene sus ventajas).

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Como ya supuse, en el desierto el frío arreció al caer la noche (tenía reciente la lectura de “Los lanzallamas”, en la que la protagonista atraviesa el desierto en moto y sabía que no se podía bromear con el frío en moto). Paré en Ludlow, donde me vi tentado a pasar la noche, pero descubrir que el pueblo consistía en una gasolinera, un bar y un motel agitó en mí el miedo infantil a Norman Bates y su mamá, el cual creía superado (Hithcock eres el mejor). Coloqué el forro al abrigo, me calcé las medias de invierno y allá que fui a recorrer las 100 millas que me separaban de Needles. Recordar “El diablo sobre ruedas” no me ayudó cuando tenía que adelantar esas largas manadas de mastodontes de acero que son los convoys de camiones americanos, pero al fin llegué a Needles, con frío y cansancio de ruta, pero satisfecho de haber cumplido mi plan». (Continuará… Mañana llegada a «Las Vegas»).

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