«Sydney Engelberg», un héroe para las mujeres

La semana pasada leía una noticia que me alegró el día. Un nuevo héroe aparecía en nuestras vidas. No llevaba capa ni espada, ni era un joven actor musculoso, sino un hombre sencillo y sabio que ha revolucionado el mundo entero con un simple gesto.

Un profesor de una universidad de Jerusalén, de esos a los que les gusta enseñar valores además de conocimientos. Un día se dio cuenta de que un porcentaje bastante alto de madres dejaban sus estudios por cuidar de sus hijos y pensó en qué hacer desde su humilde pupitre para que esas mujeres tan valiosas pudieran seguir estudiando. Y les propuso que asistieran a clase con sus niños. Hace unos días en una de las clases, un bebé empezó a llorar desconsoladamente. La madre fue a salir del aula para no molestar, cuando el profesor cogió al niño en brazos, el niño dejó de llorar y su madre pudo seguir escuchando la charla. La cosa se hubiera quedado en anécdota, de no ser porque uno de los alumnos le hizo esta foto y la hija del profesor la publicó en su muro, alabando la forma de enseñar de su padre.

Sydney-Engelberg

Y fue así como el “sencillo gesto” del profesor, impulsado por los superpoderes de la gente que lo compartió en redes sociales, se convirtió en “una valiente azaña” y él, en un héroe. Ahora, miles de personas en cualquier país del mundo, sabemos que se llama Sydney Engelberg y que trabaja en la Universidad Hebrea de Jerusalén, porque esta foto ha dado la vuelta al mundo.

Pero un solo gesto no hace a un héroe, sino una vida dedicada a enseñar valores (además de conocimientos), a educar a cuatro hijos y cinco nietos y saber cuáles son las necesidades de los niños y de las madres.

Yo le aplaudo por su valentía y por su sabiduría. Por su manera de enseñar. Por fomentar la educación. Por ayudar a conciliar. Por apoyar a las madres. Por permitirles ir a clase con sus hijos. Por dejarles amamantar en público. Por predicar con el ejemplo cogiendo en brazos a este niño y continuar dando la charla como si no pasara nada. Porque gracias a un simple gesto, muchas madres pueden ir a la universidad, saber más, enseñarles más cosas a sus hijos y ser más felices.

Este es el ejemplo perfecto de que una foto vale más que mil palabras. De que las buenas iniciativas de los héroes de hoy en día (que vuelan sin capa pero impulsados por los poderes de las redes sociales), pueden cambiar las cosas. Parece que mucho más que todas las horas que dedican los políticos a debatir leyes y más leyes sobre educación y conciliación.

Cuántas cosas se pueden lograr con un gesto y cuántas lecciones de vida se pueden explicar sin palabras…

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