“Thanksgiving”, la importancia de dar gracias

Mañana se celebra en EE.UU. el “Día de Acción de Gracias”, un tema muy recurrente en las películas americanas cuyo objetivo fundamental parece que es únicamente comerse el pavo. Cuando vivíamos en California, vivimos su verdadero significado y creo que es una tradición muy bonita. (Puedes ver su origen y como se celebra aquí).

Estamos en un momento en el que la inmediatez y el exceso de información, de opciones y de cosas materiales, nos empuja a querer siempre MÁS y que lo queramos YA. Y eso produce una baja tolerancia a la frustración, sobre todo en los niños. Si les llevamos a muchos sitios, les ofrecemos infinidad de experiencias y les regalamos demasiadas cosas, nunca estarán contentos del todo, porque siempre esperarán que haya algo mejor. Y el listón estará cada vez más alto para superarnos como padres. Por eso le enseño a mi hijo cada día a esperar esas cosas especiales o aquel regalo extraordinario y sobre todo, a ser agradecido. Y eso no es sólo dar las gracias, sino aprender a apreciar lo que tenemos.

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Intento al final del día, sobre todo en los días malos, revisar las cosas buenas que me han pasado, para tener una actitud positiva. Siempre hay alguna, porque incluso de lo malo, también se aprende y a veces una pequeña contradicción nos enseña a superar un mal mayor. Además, dicen los expertos que ser agradecido mejora la salud, (el ritmo cardiaco, las defensas…) y sobre todo la posibilidad de conseguir más cosas.

Uno de los lemas de Oprah Winfrey, que no siempre estuvo donde está, es: “Sé agradecido por lo que tienes, pues acabarás teniendo más. Si te centras en lo que no tienes, nunca jamás tendrás suficiente”.

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Pero no sólo debemos reflexionar sobre lo que tenemos, también dar gracias por estar en el mundo. Buscar tiempo para nosotros, para ver cómo podemos contribuir a mejorarlo, dando la mejor versión de nosotros mismos. También agradecer a los demás todo lo que nos dan cada día, porque a veces sólo reprochamos o les decimos lo que hay que mejorar. Expresarlo con palabras y caricias, con una mirada de reconocimiento, con una sonrisa o con un beso… Y este puede ser un buen día para hacerlo:

“Gracias a los que de una manera u otra me han dado la vida y por haberla dado yo. A los que me enseñan a ver las cosas de mil maneras diferentes, pero con toda su pureza y su esencia. A los que pasaron por mi vida de forma fugaz, pero mágica. A los que comparten conmigo la vida cada día. A los que me cuidan y me quieren cuando el sol calienta o la oscuridad acecha. A los que leen lo que escribo y también lo que no digo. Gracias a ti por estar siempre ahí“.

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