Vuelve la “Escuela al aire libre”

Hace 100 años, idearon una solución para proteger a los niños de los contagios de la tuberculosis: trasladar la escuela al aire libre. Para ello, utilizaron espacios abiertos (patios, parques y jardines) como aulas. La excusa perfecta para aprender ciencia, arte o geografía, observando la naturaleza de una forma más directa.

Escuela al aire libre

Escuelas al aire Libre en Europa

Las llamadas “escuelas al aire libre” surgieron en Alemania y Bélgica en 1904 y en otros países de Europa. Alcanzaron tal importancia que en 1922, se celebró en Paris el I Congreso Internacional de Escuelas al Aire Libre. El movimiento inspiró también a EE.UU. y en Rhode Island se abrieron varias escuelas al aire libre. La iniciativa fue todo un éxito, ya que allí ningún niño se enfermó de tuberculosis, y en varios años se crearon en el país 65 escuelas más de este tipo. En Brasil, se puso en marcha la popular Escuela de Aplicación al Aire Libre (EAAL) en el Parque de Agua Branca, al oeste de Sao Paulo, que funcionó entre los años 40 y 50.

Estas escuelas al aire libre, no sólo evitaron infecciones, sino que pusieron en contacto a los niños con la naturaleza, fortaleciendo su sistema inmunológico. También favoreció otras maneras de aprender más relajadas e intuitivas, explorando espacios y relaciones diferentes entre el profesor, los compañeros y el entorno.

Desde entonces hasta ahora, diversos e innovadores proyectos educativos, como muchos colegios Montessori y otros, han continuado con esta práctica, adaptando muchas de sus clases a espacios naturales.

Debido a la actual pandemia y la vuelta de los niños a las aulas, tras meses de confinamiento, parece mucho más lógico y enriquecedor, una vuelta presencial segura en un entorno saludable, que las clases online, independientemente de los recursos. Además, el virus se transmite mucho menos en espacios abiertos, como afirman las autoridades sanitarias, donde es más fácil mantener la distancia social.

Escuela al aire libre

Proyecto “Green Schoolyard”, California. Photo by Golestan Education

En regiones ricas y desarrolladas de California, el proyecto Green Schoolyards, junto con la Iniciativa Nacional de Aprendizaje al Aire Libre Covid-19, está ayudando a adaptarse a las escuelas californianas, a utilizar los espacios al aire libre como activos esenciales que reabran con medidas saludables y de distanciamiento físico.

En otras zonas más pobres y conflictivas como Cachemira (en la frontera entre India, China y Pakistán), los niños estudian al aire libre, incluso en condiciones climáticas adversas, ya que las clases se dan al pie del Himalaya.

Escuela al aire libre

Los estudiantes de Cachemira estudian al borde del Himalaya

En España, la bióloga Katia Hueso, fundó en 2011, en Collado Mediano (un pequeño pueblo de la Sierra de Madrid), “Saltamontes”. Un proyecto pionero y pedagógico al aire libre, donde defiende que “educar en la naturaleza, es una inversión en calidad de vida, sostenibilidad y salud”. En 2015, el educador alemán Philip Bruchner, creó en Cerceda “Bosquescuela”, el primer centro de educación infantil al aire libre, homologado por la Comunidad de Madrid, inspirado en aquellas escuelas europeas de las que os hablaba aHace 100 años, idearon una solución para proteger a los niños de los contagios de la tuberculosis: trasladar la escuela al aire libre. Para ello, utilizaron espacios abiertos (patios, parques y jardines) como aulas. La excusa perfecta para aprender ciencia, arte o geografía, observando la naturaleza de una forma más directa.nteriormente. Actualmente ya existen en Alemania más de 2.500 escuelas al aire libre, unas 200 en Suecia y en España funcionan varias en Madrid, Valencia, Mallorca, Asturias, Galicia y País Vasco.

Escuela al aire libre

Guia de Bosquescuela. Autor: Philip Bruchner

No es de extrañar que estén proliferando, teniendo en cuenta la importancia que el entorno y la naturaleza deben tener en la educación, como pensamos muchos padres y educadores. La psicóloga y pedagoga, Heike Freire, opina que las escuelas y la educación, juegan un papel fundamental en el camino hacia una sociedad biocéntrica, como refleja en sus libros y en su “Curso Superior de Pedagogía verde”.

El ser humano forma parte de la naturaleza y en tiempos de pandemias y cambio climático, donde cada vez aparecen más virus y bacterias desconocidos, el acercamiento a la naturaleza, resulta cada vez más necesario. Confío en que este momento confuso e incierto, sea la excusa perfecta y el empujón definitivo, para proteger nuestra salud física y emocional, la de nuestros hijos, y la de nuestro hábitat natural, observándolo, estudiándolo de cerca y aprendiendo de él.

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